#CadaGotaSuma

Cada variedad de cultivos de nuestra huerta requiere unas dosis de agua distinta. Es importante conocer qué tipo de plantas tenemos y cuánta agua necesitan para desarrollarse correctamente. ¿Por qué? Porque no es lo mismo regar plantas de la familia de las solanáceas –como los tomates-, que de las liliáceas –como los ajos-, puesto que las primeras requieren más cantidad que las segundas. Por eso debemos adecuar el riego al tipo de planta para no derrochar agua o perjudicar al cultivo.

Otra forma de ahorrar agua es plantar variedades autóctonas que están mejor adaptadas al clima regional. Eso permitirá que nuestra plantas, aclimatadas de generación en generación, soporten mejor los cambios de temperatura habituales.

 Si respetamos los marcos de plantación y asociamos plantas de porte muy pequeño con otras de porte mediano y alto conseguiremos menor evaporación y mejor eficiencia con respecto a la humedad que permanece en nuestro suelo.

También podremos reciclar el agua de lluvia utilizando algún tipo de bidón que nos permita retenerla para luego utilizarla como riego. Conviene recordar que el agua de lluvia es mucho mejor para nuestras plantas que, por ejemplo, el agua del grifo, pues contiene menos cantidad de cloro.

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